Escapar… o mejor buscar la felicidad
- Juliana Quevedo
- 21 mar 2014
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 26 mar 2024

Lo más difícil de dar ese primer paso, es renunciar a la comodidad, salirse de lo seguro. Tomar la decisión de romper con la rutina, quebrar lo establecido. Hacer lo no posible, POSIBLE. Lo difícil es dar ese paso y escapar… escapar de lo que siempre nos dijeron, de la “realidad” establecida en nuestra mente.
Desde siempre, el hombre ha tratado de resolver miles de inquietudes acerca de su existencia. Su constante búsqueda lo lleva a actuar, leer, pensar y tomar diferentes posiciones. Sin saberlo, se envuelve y se deja llevar por lo que conoce, cumpliendo día a día lo que se le ha impuesto, o lo que desde pequeño ha visto y aprendido en sociedad. Y aunque no entienda bien su rol, continúa haciéndolo sin saber a quien preguntar el por qué, y sin poder resolver totalmente el para qué. Es un chip, una programación tan interna y controlada desde nuestro inconsciente colectivo, que optamos por seguir el modelo, memorizando cada cosa, como un código que se traza en nuestras venas, y aquellos que salen o tratan de pensar “diferente” los nombramos de diferentes … por ir en contra del sistema.
Nuestros padres nos crían según lo que conocen, porque así fueron criados, y así está establecido en la cultura que viven y se desarrollan como seres humanos y familia. Nos van atando y quitando la libertad de a pedacitos, creándonos una libertad ficticia y no real, encadenándonos, en una cultura que en el fondo nos va generando un malestar, al no estar acorde con esa esencia natural con la que venimos de ese otro plano espiritual, donde éramos uno con el todo.
Nos vamos convirtiendo en una gran consecuencia de todo aquello que nos rodea y nos forma. Nos inculcan unos valores, unos parámetros. Nos brindan amor en algunos casos, en otros nos frustran y reprimen. A veces sin darnos cuenta, somos además resultado de todo aquello que ni siquiera nuestros padres tienen intensión de transmitirnos: todos sus miedos, inseguridades, ausencias; las consumimos, sobre todo en nuestras primeras etapas de vida cuando somos permeables, cuando tenemos nuestra capacidad de atención en su mayor auge. A modo de repetición vamos consumiendo todo aquella información, llenando nuestro equipaje de vida con cosas que realmente no necesitamos, pero que están ahí, y que se van guardando en el interior de nuestra memoria.
El niño cree todo lo que el adulto le enseña, por que es su guía y modelo. Y a medida que el niño crece, va perdiendo todo aquella inocencia, renunciando a su propia esencia, y aceptando todos estos nuevos acuerdos que recibe. Se nos enseña como ser seres humanos, seres humanos pertenecientes a un gran sistema, calculado siglos atrás, para que en el momento en el que creemos posible o tengamos la intención de cambiar y salirnos, NO LO HAGAMOS.
Aprendemos además del bien y el mal, dos parámetros que nos rigen al igual que el castigo y la recompensa. Cuando no sigues las reglas, eres castigado, cuando cumples con todo lo que se te pide, eres recompensado. Y al portarnos bien y ser recompensados, conseguimos llamar la atención, siendo esta ultima palabra algo realmente importante y que va dar sentido a nuestra existencia. Si tengo atención soy alguien, si no, soy apartado, diferente. Y Cuando vemos que al ser recompensados, nos sentimos bien con nosotros mismos, actuamos bajo el miedo a ser castigados y no ser recompensados nuevamente.
Cuando entendemos todo esto, debemos aceptar desde lo más profundo que, a pesar de que no fue por mal todo lo que nos enseñaron, estamos encerrados en conceptos no propios, que nos dominan. Está es la parte difícil, porque se crea un conflicto interno cuando abrimos los ojos ante una realidad que en ningún momento nos enseñaron.
Es necesario entonces desarrollar a partir de nuestra mente y nuestro espíritu una gran valentía para desafiar nuestras propias creencias; porque, aunque sepamos que no las escogimos, convivimos con ellas.
Escapar… o mejor buscar la felicidad, encontrar nuestra esencia, nuestra realidad, lo que realmente nos mueve, en esta vida. Y si encuentras lo que realmente te hace feliz ¿porqué no hacerlo todos los días?. Nadie puede decirte que no es lo correcto. Opiniones habrán miles, comentarios quinientos miles. Pero, ¿importa? Importa saber qué piensan, pero no es lo que debe moverte a actuar finalmente. Cada uno debe ocuparse de lo suyo, cada uno tiene una misión diferente y un espacio diferente que ocupar en esta vida. Y el aprendizaje es diferente para cada uno, porque tenemos diferentes gafas para mirar a través de los ojos.
Buscamos eternamente, cuando no entendemos que todo está ya en nosotros mismos, todas las respuestas están en nuestro interior. No hay ninguna verdad que encontrar. Sólo que, debido a todo lo que tenemos preconcebido en el fondo de nuestra memoria, se nos es difícil ver, porqué quien está con una venda en los ojos, no ve sino lo que está dispuesto a ver, o lo que conoce como su realidad.
Lo mejor es vaciarnos de toda la basura, para fluir con la verdad, con nuestra esencia, logrando vivir el eterno presente, sin preocuparnos ni volver a castigarnos por el pasado, y el futuro que aún no ha llegado. Así no sólo encontraremos nuestra propia riqueza interior, sino que podremos encontrar la riqueza de los demás.
Si el bien más preciado es nuestra vida, y dentro de el NUESTRO TIEMPO, entonces hagamos con el lo que más nos guste, lo que nos lleve a ser felices, y a que el día de mañana cuando nuestro paquetico de horas tenga cada vez menos tiempo, no nos importe… porque hicimos lo que queríamos, estuvimos donde queríamos estar, amamos a quien queríamos amar, y finalmente... lograste encontrar respuesta a tu EXISTENCIA… marzo 21 de 2014.






Comentarios