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El Major más lejano… y un ojo por pintar

Después de Boston 2024, sentía que ya había coronado un gran hito en mi historia como maratonista, como si hubiera llegado a una cima que soñé por años y, de repente, necesitara hacer una pausa para mirar qué seguía. Obvio, la meta de los 6 Majors seguía ahí, intacta, pero también apareció algo nuevo: las ganas de seguir corriendo… sin prisa.


Con el tiempo aprendí algo que no te dicen cuando empiezas: una maratón al año no hace daño, porque esto no es una temporada, es un proyecto de vida. Hoy vemos maratones por todos lados y se volvió casi normal correr varias al año, encadenarlas, tacharlas de la lista, una tras otra. Pero el cuerpo, y la cabeza, sí necesitan recuperar. No es solo una sensación: el cuerpo puede tardar entre 3 y 6 semanas en recuperarse estructuralmente de una maratón, y hasta 3 meses en volver a su estado óptimo a nivel muscular y hormonal. No se trata solo de poder correr otra vez, sino de poder sostenerlo en el tiempo… MUCHO TIEMPO, hasta viejita.


El año pasado me inscribí a la CIM (California International Marathon) para correrla en diciembre de 2025. Ya estaba en el plan y el calendario… pero la vida hizo lo suyo y hubo cambios. Cambios de prioridades y de enfoque. Y entonces, cuando menos lo esperaba, Tokio llegó un agosto de 2025. Después de un correo que decía que verificara mi cuenta, entré casi sin expectativa… y ahí estaba: Entry Officially Confirmed.


Pegué un grito que, estoy segura, todos mis vecinos pudieron escuchar, mientras Juan se daba cuenta de que él no había pasado. Aun así, estábamos felices. Felices de que yo pudiera correrla, pero sobre todo de tener una nueva excusa para emprender un viaje inolvidable: correr mi quinto Major y, al mismo tiempo, celebrar sus 40 años.


Porque al final, eso es lo que me sigue moviendo: no solo las metas, sino las historias que se construyen en el camino. Correr y viajar es una combinación exquisita, que tomó todo el sentido para mi desde el minuto uno que lo hice. 


De los Majors, Tokio era el más lejano. No solo por la distancia, sino por todo lo que representaba. Siempre pensé que era el más difícil: conseguir un cupo y llegar hasta allá. Era una carrera que veía lejana, casi para otro momento de la vida. Y hoy entiendo que sí, era para otro momento ¡Para este!. Porque hay experiencias que no solo requieren preparación física, sino también preparación emocional y logística.


Entonces comenzó la planificación, no solo del entrenamiento, sino también de un viaje con todo lo que este implica: el itinerario, la visa, los tiempos, y empezar a soñar con un lugar y una cultura totalmente ajena.


Volvieron las madrugadas, los kilómetros acumulándose semana a semana, el acostarme un poco más temprano, comer mejor, escuchar más al cuerpo… y, sin darme cuenta, volver a soñar.


Porque tener una meta nunca ha sido la razón principal para motivarme a correr. Correr es tan natural en mi vida, que corro incluso cuando no hay una carrera en el calendario. Pero las carreras sí se han convertido en una razón para vivir procesos, para planear, para imaginar algo en el horizonte. Y todo hasta el más mínimo detalle, empieza a girar alrededor de un viaje.


Las primeras semanas siempre se sienten duras. El cuerpo se resiste un poco, mientras la rutina vuelve a instalarse, y todo parece más pesado de lo que uno recordaba. Pero llega un momento en el entrenamiento, donde ya el cuerpo responde y el volumen se va asimilando de forma más fluida


Y cada fondo… me lo disfruté muchísimo en esta temporada, donde Chapultepec fue mi mejor amigo, al igual que el clima frío del invierno. Me sentía fuerte, no necesariamente en velocidad, sino en confianza, en estabilidad, en esa sensación de que esta vez las cosas estaban fluyendo con naturalidad… como debe ser. Correr en México ya no lo siento tan pesado como antes, el aire sigue siendo denso, pero ya no compito con él. Más bien pienso que me va a favorecer a futuro, aunque el pace a veces se suba un poco. Las sensaciones, en ese sentido, han tomado muchísimo más valor para mí que los números.


El 25 de febrero arrancamos en un vuelo directo desde CDMX hasta Narita. ¡14 horas! Y ya desde las indicaciones del avión con pokemones, hasta las azafatas haciendo venias cada vez que te entregaban algo de tomar o comer, todo pintaba algo diferente desde el comienzo.


Aterrizamos en el futuro, el 26 de febrero, justo en el cumpleaños de Juan. Ese día dimos nuestros primeros pasos por una ciudad silenciosa, ordenada y limpia, y celebramos no solo la fortuna de estar allá, sino también la oportunidad de celebrar su vida en un lugar tan especial.


Al siguiente día nos fuimos corriendo desde el hotel hasta la feria para aflojar las piernas después de un vuelo largo y de haber logrado dormir sin mayor problema. Tenía mucho miedo del jet lag, pero creo que lo jugamos bien. Llegamos al Big Sight Tokyo, donde ya se empezaba a respirar el ambiente de carrera con miles de corredores de todo el mundo. Una entrega de kit organizada, impecable, donde en cada uno de los puntos de contacto esta gente te hace sentir como un campeón, así aún no hayas llegado a la meta. Es la única carrera donde he visto que haces un double check de tu chip: que sí sea el tuyo y que esté funcionando correctamente.


El sábado hicimos el shake out run alrededor del Imperial Palace. Ahí ya solo piensas: todo está listo. Una tarde-noche tranquila en el hotel, comida suave, kit preparado, botas de compresión… y a la cama. Y tan bueno fue el proceso que, a pesar de los nervios, mi cuerpo ya es capaz de permitirme dormir mejor antes de un gran día como estos.


Me levanté con calma: para bañarme, desayunar tranquila, entrar al baño sin afán y

salir con tiempo. Milagrosamente, el clima subió esos días, regalándonos una temperatura perfecta para la carrera, incluso cálida para lo que están acostumbrados en esta temporada en Tokio.


Pararse en una salida se sigue sintiendo, por un lado, muy, muy emocionante, casi que te dan ganas de llorar, pero por otro lado también siguen apareciendo esos nervios. Y como lo describe Camilo Villegas (golfista colombiano): “si uno siente ansiedad y siente nervios, es porque le importa”. Y a mí me siguen importando esos momentos. Por el resultado, sí… pero también por demostrarme, una vez más, que puedo, que soy capaz. 


¡Y comienza la fiesta! Estas carreras son impredecibles, todo puede pasar en 42K, pero yo desde el kilómetro cero arranqué con certeza y con una sonrisa que quedó en cada una de las fotos del recorrido. “¡Ibas como si nada!”, me decía una amiga después, viendo las fotos. Y sí… por fuera parecía fácil. Pero no era que fuera como si nada. El esfuerzo estaba ahí, en cada paso, en cada respiración, en cada kilómetro acumulado. La diferencia es que esta vez las ganas de estar ahí eran más grandes que el cansancio, y eso se notaba por fuera. 



La carrera es plana, y eso se presta para poder mantener un ritmo muy constante. Siento que los únicos kilómetros realmente largos fueron los últimos cuatro. Ya estás muy cerca de lograrlo, pero esa recta final se vuelve un loop eterno. Aunque lo fascinante es la cantidad de gente que te acompaña en esos últimos metros. No gritando, porque es Japón, sino animando a su manera. Es silencioso, respetuoso, y solo se escucha: gambare!, mientras aplauden suavemente.

Yo, en cambio, les gritaba: “Are you tired?” y levantaba los brazos esperando escuchar más ánimo… que nunca llegó. Está bien, respeto su forma de animar, jajaja. 


Y luego, sin esperarlo, das una curva y ves el arco. No sé por qué esperaba ver la estación de Tokyo al frente, cuando en realidad ya la tienes detrás de ti. Y en ese instante se me vino a la cabeza la imagen de la maratón de Tokio de los Olímpicos. Yo estaba a punto de cruzar por ese mismo circuito, por ese mismo lugar que tantas veces había visto en los videos de la carrera.


Alzo los brazos… y, una vez más, completo los 42.195 kilómetros de vida, Tokio. Mi número 15, mi quinto Major.



Con la meta cumplida y la medalla en el cuello, comenzó un viaje por uno de los países más fascinantes que he conocido en mi vida. “Es un lugar que siempre te estuvo esperando”, me decía una amiga. Y sí… puede que tenga razón. Para los que no lo saben, fui maestra de Kung Fu en una vida pasada, y Japón, en cierta forma, es un país que va mucho con mi personalidad: cada rincón místico, el silencio, el respeto, ¡el orden! Todo parece demasiado perfecto y seguro, dentro de lo malo que seguramente podrá tener, que uno como turista no alcanza a percibir.

Pero lo que más me impacta es cómo una cultura con una convicción tan clara de que si haces el bien desde ti, todo funciona mejor colectivamente, no ha logrado replicarse en el resto del planeta. Después de todo, creo que sí… es literalmente el futuro.


Llegué a casa con tuza y un jet lag que no era solo físico. Era como si mi cuerpo ya había llegado, pero mi identidad, mis ritmos internos y hasta mi forma de ver la vida se habían quedado un poco atrás, tratando de asimilar todo lo que había pasado.

Por eso siempre digo que viajar, correr, ponerle significado a todo lo que nos mueve, nos transforma. No necesariamente de manera ruidosa, pero sí profunda. Y, casi siempre, para bien.


Y para terminar, uno de los símbolos que más me gustó y que me traje conmigo fue un Daruma: representa la perseverancia y la capacidad de levantarse una y otra vez hasta cumplir un propósito. La tradición dice que cuando tienes un deseo o una meta importante, pintas solo uno de sus ojos mientras lo pides. Y cuando ese deseo se cumple, pintas el segundo ojo, cerrando el ciclo.

Yo pinté el mío pidiendo un deseo muy claro: completar los 6 Majors en Londres.

Así que ahora vive en mi casa, mirándome todos los días, recordándome que el camino sigue, que la historia aún no termina… y que todavía queda un ojo por pintar.



 
 
 

1 comentario


Juan Camilo Franco
hace un día

Juli, que historia tan bacana. Se siente que Tokio no fue solo la carrera en si, sino un momento dem vida completo. Gracias por compartir,, y que nota tener de coach a alguien que vive esto con tanto corazón y la vez con profesionalismo. Espero pintes ese 2do ojo en londres 2027!!!

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